Colombia y Panamá predominan en los cafés de competencia, ¿puede otro país alcanzarlos?
Es curioso pero desde 2019, año en que Jooyeon Jeon ganó el Campeonato Mundial de Baristas (WBC por sus siglas en inglés) con un Sidra colombiano de La Palma y El Tucán, todos los ganadores del certamen, incluyendo a Jack Simpson, campeón este año en Milán, han usado cafés de Colombia o Panamá.
¿Qué hacen estos orígenes para tener una presencia tan predominante en las competencias mundiales de baristas? Se trata de países con décadas de experiencia cafetera donde se combina innovación en las fincas, trabajo técnico sistemático y controlado, y una comunicación fluida con tostadores y baristas para producir cafés consistentes.
Incluso, en el caso de una finca como Café Granja La Esperanza, el protagonismo en los concursos internacionales se remonta al 2008, año en que ganaron Best of Panama por primera vez, y empezaron a crear una tendencia hacia el café colombiano en estos escenarios.
Con el objetivo de conocer por qué Colombia y Panamá predominan como cafés de competencia conversé con Rigoberto y Luis Herrera, fundadores de Café Granja La Esperanza en Colombia, y José Manuel Pertuza de Cafeshi en España.
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¿Por qué los competidores del WBC siguen usando cafés de Colombia y Panamá?
La respuesta parece sencilla, pero detrás hay años de trabajo, experimentación e innovación. Colombia y Panamá ofrecen un equilibrio único entre la diversidad genética de sus varietales, altitudes geográficas adecuadas, microclimas diferenciados y procesos poscosecha avanzados que los productores están controlando cada vez con más precisión.
Esto lleva a los dos países a desarrollar cafés replicables en el tiempo y con perfiles de sabor y aroma de alta calidad que son capaces de diferenciarse del resto de orígenes.
En el caso de Colombia, mencionan Rigoberto y Luis, “la infraestructura, la experiencia técnica y la consistencia en el perfil de taza permiten a los baristas encontrar cafés expresivos, limpios y balanceados. En Panamá, el enfoque en microlotes de variedades como el Geisha, combinado con métodos experimentales de fermentación, ha marcado tendencia. Ambos han construido un ecosistema donde el productor, el tostador y el barista trabajan en conjunto para lograr cafés ideales para competencias”.
Por su parte, José Manuel afirma que si bien hay orígenes que han mejorado notablemente su perfil sensorial, los cafés colombianos y panameños siguen abanderando las tendencias en cuanto a calidad gracias a sus prácticas en finca e innovación poscosecha.
“Colombia y Panamá no solo han invertido tiempo y dedicación para lograr cafés de alta calidad. Han encontrado un espacio en la industria de las competencias”, algo que otros países no han consolidado.
Prácticas que no se replican en otros orígenes
Rigoberto señala que en Colombia y Panamá, quienes buscan cafés para competencias, encuentran coherencia y respeto entre la producción en campo y tostadores y baristas internacionales.
“En estos dos países se encuentra un equilibrio armónico entre terroir, manejo productivo en finca y procesos poscosecha controlados (fermentación y secado). Esto es algo que no todos los orígenes han logrado desarrollar de manera técnica y solo así se puede llegar a la consistencia en calidad y atributos”, menciona.
Luis añade que, en Colombia, la capacidad de producir un mismo perfil de taza con estabilidad año tras año se debe a la tecnificación agrícola, la experiencia sensorial acumulada y la inversión en innovación. “En ambos países la combinación de altitudes adecuadas, suelos volcánicos y la genética del Geisha, como varietal insignia de esta región del mundo, genera una complejidad aromática difícil de igualar”.
“La relación directa y transparente con los productores también permite a los baristas conocer a fondo la historia detrás del café. Esto se traduce en autenticidad en cualquier competencia”.

Utilizar estos orígenes en competencias, ¿costumbre o calidad?
Rigoberto y Luis están seguros de que se trata de una cuestión de calidad y no de costumbre. Ellos señalan que las competencias se basan en el impacto sensorial y en la singularidad del café que se usa en las presentaciones. “Colombia y Panamá se mantienen en el escenario no solo por tradición, sino porque siguen evolucionando”.
“En Café Granja La Esperanza, por ejemplo, la experimentación con fermentaciones controladas y protocolos estandarizados, cultivos de Sidra, Sudan Rumé, Laurina, Java, Geisha y nuestros varietales CGLE17, CGLE23 y Mandela nos permite ofrecer cafés que sorprenden año tras año. La calidad ha sido el factor determinante que sostiene esta preferencia”, explican.
Asimismo, José Manuel afirma que “durante las competiciones tanto los baristas como los jueces buscan cafés que deslumbren y, para eso, se requiere calidad. En consecuencia, en los torneos se ven nuevos varietales e incluso subespecies como Libéricas o Eugenioides, que apuntan a perfiles de sabor diferenciados”.
Trabajar con cafés de Colombia o Panamá se puede ver como una cuestión de costumbre, por la frecuencia con la que se encuentra en estos escenarios, pero en realidad los baristas los eligen por su alta calidad y diferenciación en sus atributos sensoriales.
¿Otros países productores pueden dar la pelea?
En cada país de origen existen potencialidades a desarrollar, tanto en el ámbito técnico de la producción agrícola como de los procesos pososecha, para lograr cafés capaces de ganar competencias mundiales.
Para conseguirlo, asegura Rigoberto, “se debe invertir en investigación y trazabilidad, construir relaciones sólidas con baristas y tostadores, y promover una identidad sensorial propia. Aquí entra en juego la capacitación constante y asistir a ferias y eventos internacionales para mostrar los granos y su calidad ante un público global”.
No se trata solo de cultivar café. Hay que comprender el lenguaje de las competencias: consistencia, innovación y narrativa, contar la historia detrás de la taza, enfatiza Luis. “Los países vecinos con condiciones agroecológicas similares tienen el potencial, pero necesitan generar confianza y visibilidad a través de procesos experimentales bien documentados, capacitación técnica y una comunicación más cercana con el mercado de especialidad”.
José Manuel afirma que otras naciones productoras deben ser capaces de romper los clichés que existen sobre el origen. “Hace tiempo que un origen no define una calidad cuando hablamos de cafés de ciertas puntuaciones. Muchos de los cafés más apreciados por los consumidores vienen de Honduras, por ejemplo, o de Costa Rica. Es buen momento para ofrecer un producto único y que realmente ponga en valor la calidad del trabajo humano que hay detrás de cada cosecha”.

Los efectos en el sector de este predominio
No hay duda de que el impacto es profundo y positivo: ha revalorizado la figura del productor y ha creado nuevas oportunidades económicas. “Los cafés de competencia han impulsado el desarrollo de microbeneficios, fermentaciones diferenciadas y modelos de subastas. Todo esto fomenta la transparencia y el pago por calidad”, dice Luis.
Rigoberto agrega que, por ejemplo, Café Granja La Esperanza, fue la primera empresa privada colombiana en realizar una subasta virtual de café. “En nuestra quinta subasta, realizada en octubre de 2025, logramos un precio récord de US $2194/kg. Se subastaron 25 lotes de diferentes variedades y procesos entre 125 clientes de todo el mundo. Esto ha permitido que más productores entiendan el valor real de su trabajo y aspiren a estándares más altos”.
Desde Europa, se tiende a ver esos orígenes como algo excepcional. “La variedad Geisha es símbolo de calidad absoluta. Tener un café de Panamá en el menú hace que el portfolio del tostador tenga un mayor nivel. Igual que con los microlotes provenientes de Colombia”, asegura José Manuel.
Qué podemos esperar en el futuro…¿la misma tendencia?
La industria del café de especialidad y las competencias de baristas están viviendo una evolución marcada por una mayor diversidad de orígenes y perfiles sensoriales. Esto, impulsado por el interés global de vivir nuevas experiencias.
Aunque la tendencia está cambiando en los torneos y cada vez más se encuentran cafés de otros orígenes como Guatemala, Brasil, Bolivia o El Salvador, en opinión de Rigoberto, “Colombia y Panamá seguirán siendo referentes mundiales, no por inercia, sino por su capacidad constante de adaptación e innovación”.
Las preferencias actuales se dirigen hacia cafés con identidad donde la fermentación, el secado y la expresión del varietal adquieren un papel tan relevante como el propio origen. Esto está impulsando a caficultores de diversas regiones a innovar y llevar controles técnicos sofisticados para alcanzar la calidad y la consistencia requeridas para una competencia.

El dominio de Colombia y Panamá en las competencias es producto de una estrategia basada en la innovación técnica, la trazabilidad y la coherencia sensorial. Ambos países han logrado convertir su café en un símbolo de excelencia al integrar ciencia, agricultura de precisión y una relación transparente entre productor, tostador y barista.
Asimismo, hay una necesidad de que otras naciones inviertan en investigación, formación y posicionamiento internacional para competir en igualdad de condiciones. La tendencia apunta hacia una diversificación de orígenes, pero el camino trazado por Colombia y Panamá seguirá marcando el estándar de calidad, al menos por ahora.
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Créditos de las imágenes: Café Granja La Esperanza, Bally Valdivieso Zamora.
PDG Español
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