¿Por qué el café de Panamá recibe puntuaciones tan altas en cata en comparación con otros países?
En las últimas décadas, Panamá se ha convertido en uno de los países más admirados por su café. Ha logrado consolidarse como un referente internacional gracias a la calidad de sus lotes, sus prácticas agronómicas innovadoras y los altos puntajes de cata que cautivan a catadores, baristas y compradores de todo el mundo.
Este reconocimiento internacional no es fortuito, es el resultado de una combinación de factores agroclimáticos, manejo agronómico de precisión, enfoque en variedades de alta calidad genética y una cultura cafetera orientada a la diferenciación, la trazabilidad y la profesionalización de toda la cadena de valor.
¿Cómo un territorio tan pequeño ha llegado a producir algunos de los cafés más exclusivos y valorados mientras que otros orígenes cercanos no obtienen resultados similares? Para saberlo, hablé con dos productores panameños.
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Panamá: ¿el líder indiscutible de las altas puntuaciones en taza?
Aunque la caficultura en Panamá se práctica desde principios del siglo XlX, fue a partir de la década del 90 cuando comenzó a transitar un camino que la llevaría a convertirse en referente de café de especialidad a nivel mundial.
Si bien por muchos años la producción se enfocó en satisfacer mercados internos y de exportación convencional, un giro estratégico hacia la calidad, impulsado por productores visionarios, transformó radicalmente la percepción del café panameño.
Este viraje ha dado lugar a un ascenso sostenido en las puntuaciones de los cafés, particularmente en certámenes de prestigio como Best of Panama y Taza de Excelencia, donde los lotes han registrado consistentemente calificaciones superiores a los 90 puntos. Además, las subastas asociadas a estas competencias han alcanzado cifras históricas. En 2024, por ejemplo, un lote fue vendido por más de US $10 000/libra. Mientras tanto, otros países de la región alcanzan valores de US $800-900 por cafés de calidad similar.
Graciano Cruz, científico y productor de las fincas Los Lajones y Emporio Estates en Boquete, destaca que este reconocimiento internacional ha sido progresivo pero sostenido. “En una clasificación global, yo diría que se está viendo una tendencia desde hace varios años”.
En la edición más reciente de Best of Panama, un café lavado de la variedad Geisha obtuvo 98 puntos, marcando un nuevo récord nacional y reafirmando la posición de Panamá como productor de algunos de los cafés más excepcionales del mundo.

¿Qué están haciendo para alcanzar esos estándares de calidad?
Panamá es un país de dimensiones geográficas reducidas y con limitadas áreas de altitud en comparación con otros países de la región. Su volumen de producción ronda los 200 000 sacos anuales, una cifra modesta frente a los más de 170 000 000 sacos que consume el mundo. Estas cifras podrían sugerir una desventaja estructural, pero para los productores panameños se transformaron en una ventaja al apostar por la calidad en lugar del volumen.
Ricardo Koyner, productor de tercera generación en Kotowa Farms en Boquete, sostiene que el éxito del café panameño responde a una combinación de factores antrópicos, geográficos, ambientales y políticos que han permitido al país posicionarse de forma estratégica en el mapa de la especialidad.
Esta mezcla ha permitido que, en apenas tres décadas, Panamá pasara de ser un origen prácticamente desconocido a convertirse en uno de los más codiciados.
Profesionalización de la cadena
A diferencia de otros países donde los caficultores se concentran únicamente en la producción, en Panamá muchos han optado por formarse en diferentes áreas de la industria, desde la catación y el tueste hasta la exportación.
Asimismo, instituciones como la Asociación de Cafés Especiales de Panamá y plataformas como Best of Panama han promovido esta cultura de profesionalización y aprendizaje continuo.
Un terroir privilegiado
Panamá goza de condiciones agroecológicas excepcionales para el cultivo de café de alta calidad. Su ubicación, unida a una topografía accidentada, genera una variedad de microclimas ideales para la expresión de perfiles complejos en taza. Las altitudes que superan los 1800 m s.n.m., los suelos volcánicos ricos en nutrientes, la influencia de dos océanos, los vientos alisios y una biodiversidad abundante propician un entorno único.
La provincia de Chiriquí se destaca como el corazón cafetalero del país. Regiones como Boquete, Tierras Altas y Renacimiento concentran la mayor parte de la producción de café de especialidad y han sido cuna de variedades de alto valor como el Geisha.
Las variedades
Aunque en Panamá se cultivan diversas variedades como Caturra, Catuai, Pacamara, Mundo Novo y Maragogype, el país ha ganado notoriedad internacional gracias a una en particular: el Geisha. Esta variedad, originaria de Etiopía, encontró en los suelos y microclimas panameños un entorno óptimo para desarrollar su máxima expresión sensorial.
Notas florales, cítricas, afrutadas y una acidez brillante han convertido al Geisha panameño en un ícono global del café de especialidad. El impacto ha sido tal que hoy existe una denominación Geisha Panamá, que busca preservar la calidad y la autenticidad de esta variedad.
Colaboración y apoyo
Una de las características más notables del modelo panameño es la forma en que los productores se relacionan entre sí. A diferencia de otros contextos marcados por la fragmentación o la competencia desleal, en Panamá existe una cultura de colaboración activa, que privilegia el bien común.
Otro de los pilares ha sido la apertura legislativa y comercial. En el país, cualquier persona puede convertirse en exportador de café, incluso desde volúmenes mínimos. Este marco legal ha facilitado la participación directa de pequeños y medianos productores en el comercio internacional, permitiéndoles establecer relaciones comerciales personalizadas y acceder a mercados especializados sin intermediarios.

El camino hacia el éxito
Aunque Panamá ha alcanzado reconocimiento mundial gracias al Geisha, el país está ampliando su enfoque para incluir otras variedades de alto potencial. Por ejemplo, en el marco de Best of Panama se ha creado una categoría específica llamada Varietales. En ella se agrupa a los cafés que no pertenecen a la variedad Geisha. Para garantizar la transparencia del proceso y preservar la integridad de esta categoría, los cafés participantes son analizados genéticamente.
Además los productores están a la vanguardia en procesos poscosecha. Se realizan constantemente experimentos controlados de fermentación con el objetivo de potenciar la acción de los microorganismos nativos. Estas fermentaciones no buscan alterar artificialmente el perfil del café, sino resaltar las características propias del terroir.
Gracias a la experiencia y a la práctica, muchos productores han desarrollado protocolos propios, ajustados a sus variedades y condiciones específicas. Estos protocolos se han convertido en verdaderos manuales de referencia, que permiten estandarizar los procesos y garantizar consistencia en cada cosecha.
¿Por qué otros países de la región no tienen un desempeño similar?
Todos los países productores están en capacidad de generar cafés de alta calidad, sostiene Graciano. A pesar de eso, aclara que en muchas regiones existen dinámicas estructurales, prácticas arraigadas o incluso relaciones desequilibradas en la cadena de valor que dificultan el acceso sostenido al nicho de especialidad.
Uno de los principales diferenciadores que él identifica en Panamá es el acceso directo al mercado. Según su experiencia, alrededor del 80 % de los productores panameños venden sus cafés directamente a tostadores, sin intermediarios como traders o brokers. Este modelo, que en muchos países funciona al revés, permite una relación más cercana y rentable.
Además, destaca que el éxito panameño no ha dependido de políticas estatales, sino de la organización colectiva de los productores. Han construido un modelo basado en el bien común, donde la colaboración supera la competencia. Este enfoque ha sido especialmente sólido en áreas como la comercialización, la promoción conjunta y la fijación de precios. As fragmentaciones o rivalidades que obstaculizan el progreso en otras regiones.

El aporte de Panamá a la industria de la especialidad
Panamá ha desempeñado un papel clave en la forma en que el mundo entiende y valora el café de especialidad, dice Ricardo. Durante décadas, prevaleció una visión reduccionista en la que el “café era simplemente café” y las distinciones de calidad eran mínimas. Hace 20 años, lo que se consideraba café especial era apenas un producto ligeramente superior al convencional, sin que existiera una apreciación profunda de sus atributos sensoriales.
El país centroamericano ayudó a romper con esa visión superficial, aportando una nueva perspectiva centrada en la expresión organoléptica del café: aroma, acidez, cuerpo, complejidad y sabor en taza.
Al igual que en el mundo vinícola, donde existen vinos de lujo que se sitúan en una categoría distinta a los de consumo masivo, la nación ha demostrado que el café también puede alcanzar niveles de exclusividad y sofisticación excepcionales. Así, ayudó a crear un nuevo segmento premium, capaz de alcanzar precios impensables en el pasado.
Actualmente, en Panamá están explorando cómo llevar su marca a un nuevo nivel, uno que va más allá de lo consolidado dentro del café de especialidad. Sin restarle mérito a este segmento, que representa la plataforma más sólida para pequeños productores, existe un horizonte aún más ambicioso: el mercado del lujo, señala Graciano.
Por su parte, Ricardo cree que está surgiendo una generación de consumidores mucho más interesada en la experiencia sensorial del café. En ese contexto, él cree que la industria está pasando por un escenario favorable no solo en Panamá, sino a nivel mundial, en el que existe un esfuerzo creciente por producir cafés diferenciados.

Conclusiones finales
El caso de Panamá representa un ejemplo sobre la manera en que se concibe, produce y valora el café en el mundo. Lejos de competir por volumen, ha optado por una ruta más desafiante: la del café como producto de lujo, bien cultural y experiencia sensorial.
En apenas tres décadas, ha pasado de ser un origen marginal a convertirse en un referente global del café de especialidad, gracias a una combinación de factores: un terroir privilegiado, una mentalidad colaborativa entre productores, apertura comercial y una apuesta firme por la innovación y la profesionalización.
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Créditos de las imágenes: Kotowa Farms.
PDG Español
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