26 de febrero de 2025

Los países productores pierden ingresos y oportunidades al no procesar los residuos del café

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Para muchos caficultores comprometidos con el cuidado del medioambiente, reducir los residuos y, en la medida de lo posible, reutilizarlos en la finca es esencial. De esta forma, no solo mitigan la contaminación, sino que reducen la inversión en insumos para los suelos agrícolas. Además, estos subproductos pueden tener múltiples usos, como la alimentación animal o humana, lo que agrega valor y oportunidades de aprovechamiento.

Además, el procesamiento o exportación de subproductos puede implicar una ganancia extra. A pesar de eso, la disponibilidad de recursos financieros, tecnológicos y logísticos necesarios para emprender este negocio puede limitarse a aquellos actores de mayor envergadura.

Si bien es factible estructurar industrias en torno a los residuos del café, para que tengan un impacto ambiental y económico positivo en toda la cadena de suministro es necesario garantizar una adecuada distribución de los ingresos generados.

Para conocer el potencial económico de los residuos del café y las oportunidades que están desperdiciando los países productores, hablé con un investigador académico y un caficultor.

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Análisis de laboratorio de café

La industria del café no solo produce granos

Francisco Tamayo es productor de café orgánico en Cundinamarca, Colombia. Durante los últimos 12 años ha estudiado la economía del café y las alternativas que contribuyen a la sostenibilidad. Él afirma que además del impacto ambiental que generan los agroquímicos durante su vida útil, a las fincas llegan envases y empaques que contribuyen a aumentar los residuos de las fincas.

Particularmente en Colombia, en las regiones donde se produce café, aún no hay iniciativas que promuevan el reciclaje y no utilizan tecnologías de recuperación de residuos valiosos o de aprovechamiento de potencial energético. En cambio, terminan en rellenos municipales.

Andrés Felipe Bahamón es profesor del programa de ingeniería agroindustrial e investigador académico en el Centro Surcolombiano de Investigación en Café (CESURCAFÉ) en Neiva, Colombia. Él explica que sólo el 50 % del peso de la cereza que se recolecta corresponde al grano verde que se exporta. La otra mitad corresponde a la cáscara, la pulpa, el mucílago y el pergamino. 

Durante la producción de café se generan grandes volúmenes de subproductos, como flores, tallos, hojas y madera. A su vez, en la poscosecha se obtienen diversos componentes con proporciones específicas: cáscara exterior o exocarpio (7%), pulpa o mesocarpio (25%), pergamino o endocarpio (12%), mucílago o capa de pectina (5%), película plateada o tegumento (1%) y el grano o endospermo (50%). De este último, únicamente entre el 15-22 % de sus compuestos solubles llegan a la taza en la bebida final.

Él afirma que en los mercados consumidores se están llevando a cabo investigaciones orientadas a reutilizar la película plateada y la borra, derivados del tueste y la extracción de café, respectivamente, para evitar la contaminación en destino.

Gestión de residuos en origen: reducción en lugar de revalorización 

Andrés explica que la madera obtenida durante las labores de poda en muchas ocasiones se desaprovecha o se le otorga un fin simple con poco valor agregado; sin embargo, existen casos en los que se utiliza para la fabricación de muebles. 

“Si vemos el Código de Conducta sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos presentado por la FAO, de los bioproductos que se generan, el biocompost es el aprovechamiento más básico, sencillo y de menos valor que uno le puede dar a un producto”, señala.

“No se ha visto el negocio para los pequeños productores en utilizar estos subproductos, entonces finalmente terminan, en el mejor de los casos, en un compost”, coincide Francisco.

Para Andrés, la reutilización de subproductos en origen hoy está más orientada a la obtención de certificaciones a partir del empleo de prácticas que mitiguen la contaminación. De esta manera, se prioriza conseguir sellos que aporten un valor agregado al café, sobre los ingresos que puede acarrear la venta de subproductos procesados.

Él sostiene que el pergamino tiene un gran potencial. Por ejemplo, puede utilizarse en proporciones de hasta un 40 % para la fabricación de cajas. “Uno de esos usos que se le da aquí en Colombia es la incorporación en los hornos de secado de café”, aunque aclara que 

esto puede tener un impacto negativo en el medioambiente por la generación de emisiones de carbono derivadas de la combustión. 

Asimismo, Francisco explica que si el proceso de compostaje no es adecuado, se pueden producir emisiones de gas metano y malos olores. En consecuencia, los esfuerzos por reducir la huella ecológica pueden ser contraproducentes si no están bien encauzados.

Finca de café

El descarte de oportunidades económicas

Andrés afirma que los subproductos del café albergan un gran potencial económico: las flores del cafeto tienen un importante valor cosmético y pueden ser utilizadas para crear esencias. La cáscara y el mucílago tienen gran potencial como producto nutracéutico en la industria alimentaria y en Europa existe un mercado para el té de hojas de cafeto.

Incluso el café puede ser mezclado con subproductos para crear infusiones alternativas y mantener un precio asequible durante la alza del mercado.

Por todo esto, Andrés aconseja aprovechar el valor que concentra la producción de café más allá del grano verde. Así, los países de origen pueden hacer más rentable la producción y volverse más competitivos.

Francisco considera que, en iniciativas a pequeña escala que ha realizado en su finca, el ingreso por la valorización de los subproductos del café no es exitoso debido a su poco volumen. En consecuencia, no son una buena diversificación para el productor, al no ser significativos frente a las pérdidas potenciales de un mal año de cosecha. En cambio, la inversión en tiempo, administración y comercialización si son significativos.

También, piensa que si no viene de una iniciativa externa que ofrezca comprar estos productos en volumen a un grupo organizado, y además ofrecer facilidades para incorporar tecnologías de procesamiento en las fincas, es difícil tener éxito.

Los residuos sí pueden aprovecharse

Francisco sostiene que para generar más ingresos a través de los subproductos es importante transmitir conocimientos, compartir tecnología y agrupar a pequeños productores para que se pueda alcanzar un volumen que valga la pena exportar.

Si bien los países productores pueden beneficiarse, por ejemplo, de la exportación de cáscara de café a Europa, es en destino donde verdaderamente se explota el potencial económico a través de la extracción de compuestos antioxidantes para las industrias farmacéutica, cosmética y alimentaria.

“Es preocupante que la mayoría de las investigaciones sobre la valorización de los subproductos del café sean lideradas por países europeos”, señala Andrés. Más que una limitación económica, considera que el principal obstáculo radica en la falta de conocimiento y en la escasez de investigaciones en esta área. Además, el éxito de estas iniciativas depende en gran medida de la cultura de consumo y de estrategias de mercadeo efectivas. 

Desde CESURCAFÉ se está desarrollando un proyecto de investigación enfocado en el aprovechamiento de la cáscara del café. En este trabajo, se han explorado diversas aplicaciones, como su uso en cápsulas monodosis para la elaboración de bebidas nutracéuticas. Asimismo, han implementado procesos biotecnológicos, como la fermentación, para mejorar la biodisponibilidad de nutrientes y antioxidantes en la cáscara. 

En paralelo, en colaboración con la Universidad del Cauca y el grupo de investigación CYTBIA, están transformando el pergamino en materiales biodegradables, como contenedores, cucharas y vasos, promoviendo así un enfoque más sostenible en la industria.

Según Francisco, “son productos valiosos y tienen un potencial grandísimo. Ahí lo que falta son eslabones dentro de la cadena de valor que lleguen a favorecer ese ecosistema de producción”.

Residuos de café

Las iniciativas en origen deben ser lideradas por alianzas  

Francisco cree necesario conectar a los caficultores con instituciones privadas o entidades estatales con un enfoque agrícola. “Hace falta una agrupación más grande, con algo más de alcance, poder económico y administrativo para llevar esta iniciativa adelante”.

La búsqueda de valorización y alternativas de comercialización para los productores se vuelve más factible al unir los esfuerzos sinérgicamente. “En estos momentos en que el precio del café está bastante alto, podría ayudar a bajar los costos de producción, a generar inversión para aumentar esa resiliencia climática en los países productores”, señala.

Andrés considera que las campañas de industrialización, valorización y aprovechamiento de los subproductos en origen deben ser lideradas por las plantas de beneficio. Estas cuentan con suficiente tamaño y capacidad de acopio para obtener un resultado rentable y hacer frente a los potenciales desafíos. Asimismo, recomienda contar con el acompañamiento de universidades que aporten un marco investigativo para el buen desarrollo de estas empresas.

De esta forma, el caficultor podría obtener un valor adicional, con el que hoy no cuenta, por entregar la cáscara o la pulpa del café. Para que esto sea efectivo, debe existir una redistribución del ingreso obtenido por los subproductos procesados. 

Subproductos del café

El aprovechamiento de residuos puede plantearse como una solución integral con la capacidad de retener valor en la industria y en origen. Aunque esto no significa que sea una tarea sencilla. La divulgación de conocimiento y tecnología juega un papel fundamental en esta misión, así como la colaboración con organizaciones.

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Créditos de las imágenes: Francisco Tamayo.

PDG Español

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