18 de octubre de 2025

El nuevo orden del café: la consolidación alcanza los estándares de calidad

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  • Tras 20 años, el marco de Evaluación del Valor del Café de la Asociación de Cafés de Especialidad sustituirá al programa Q Grader del Instituto de Calidad del Café
  • 10 000 Q graders tienen ahora que lidiar con la confusión respecto al acceso y el control de la certificación
  • ¿Es esta consolidación un avance natural para el sector o el monopolio frenará la innovación en la calidad y la capacitación en café?

La Specialty Coffee Expo de este año fue memorable. En lo que supone un cambio significativo dentro del sector de la especialidad, la Asociación de Cafés Especiales (SCA por sus siglas en inglés) anunció en el evento que, a partir del 1 de octubre de 2025, asumiría el control operativo total del programa Q Grader, que pasó a denominarse Evolved Q Grader Program, integrándolo en su marco de Evaluación del Valor del Café (CVA por sus siglas en inglés).

Esta transición marca el final de las dos décadas de gestión del programa por parte del Instituto de Calidad del Café (CQI por sus siglas en inglés), que ha certificado a unos 10 000 Q graders en todo el mundo.

El CVA, introducido por la SCA en 2023, afirma que ofrece un enfoque holístico de la evaluación del café al abarcar valoraciones físicas, descriptivas, afectivas y extrínsecas. Sus defensores sostienen que proporciona una comprensión más completa de la calidad del café, yendo más allá de las puntuaciones tradicionales de cata del sistema de calificación Q, que ha recibido algunas críticas.

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Q graders en cata

Múltiples reacciones en el sector

El formulario CVA suscita interrogantes relevantes por sí mismo. Por ahora, sigue sin estar claro cómo los resultados de la evaluación se vincularán a la fijación de precios, una cuestión fundamental en la realidad del comercio cafetero. Igualmente es incierto cómo se resolverán las disputas de calidad bajo este nuevo marco. Especialmente, si se compara con el sistema de puntuación, presuntamente más objetivo, de su predecesor “no evolucionado”.

La reacción del sector ha sido variada. Muchos Q graders e instructores expresan su confusión y preocupación. Abundan las preguntas sobre la validez de las certificaciones existentes, el papel futuro de los formadores del CQI y las implicaciones para los sistemas y operaciones del instituto, ya que gran parte de sus ingresos provienen de los cursos de certificación Q.

“Esta integración se ha producido de forma repentina y afecta gravemente a los actuales Q graders, especialmente a aquellos que aún necesitan repetir el examen o calibrarse”, afirma Winnie Yeh, directora del Departamento de Exportación Ecológica de Torch Coffee en Yunnan, China, y Q grader. “Q y CVA son muy diferentes. El curso Q consiste en seis días de intenso entrenamiento sensorial centrado en la calidad utilizando el formulario de cata de la SCA. El CVA tiene aplicaciones más amplias. Ahora, todos los antiguos Q graders deben realizar el curso CVA para obtener la licencia Q evolucionado. Esto supone, en esencia, volver a pagar. También, hemos visto la venta de certificados en línea con poca supervisión. Esta falta de regulación es preocupante, especialmente ahora que estamos pasando a este nuevo sistema”.

Algunos críticos perciben esta medida como una consolidación agresiva en un sector ya de por sí concentrado, en el que los costos de la educación son notablemente elevados. Otros lo perciben como un abuso de confianza.

¿Más riesgos que beneficios?

“Si bien la evolución de los estándares de calidad puede ser positiva, este cambio corre el riesgo de devaluar las credenciales Q existentes sin proponer una vía de transición clara sino una que supone una presión de tiempo y una disrupción significativa”, afirma Philipp Schallberger, socio gerente de Kaffeemacher en Suiza. 

“Muchos Q graders han invertido en el sistema: financiera, profesional y emocionalmente. Para un cambio tan importante, habría sido esencial un enfoque más transparente e inclusivo para mantener la confianza y la continuidad”.

Por el contrario, otros miembros del sector cafetero siguen esperando que esta decisión pueda dar lugar a un cambio constructivo, siempre que vaya acompañada de una consulta inclusiva.

“Como Q grader y productora de café, valoro profundamente la intención que hay detrás de la CVA: ampliar nuestra comprensión de lo que hace que el café sea valioso más allá de la taza”, afirma Ana María Donneys Correal, directora general de Café Primitivo y directora ejecutiva y cofundadora de IWCA Colombia.

“Acojo con satisfacción esta dirección porque los números no tienen sabor. Lo que realmente da sentido y valor al café es la historia que hay detrás, el origen, las decisiones técnicas, el impacto social y medioambiental. Integrar esas dimensiones en la forma en que evaluamos el café es un paso necesario”.

Un reto financiero

“Dicho esto, esta transición supone un reto financiero para muchos. A quienes se han calibrado recientemente con el sistema CQI ahora se les pide que asuman un costo adicional que no tenían previsto. Aunque para algunos pueda parecer una cantidad insignificante, para otros llega a suponer varias semanas, o incluso un mes, de ingresos. Creo que el apoyo transitorio o las becas serían increíblemente valiosas para garantizar que esta transición no se convierta en una barrera para quienes trabajan en origen”. 

Esta transformación también pone de relieve tendencias más amplias que afectan a las organizaciones sin ánimo de lucro del sector cafetero. Con la disminución de la financiación de organismos como USAID, entidades como CQI y World Coffee Research se enfrentan a una mayor vulnerabilidad ante los cambios estructurales, lo que refleja los patrones de consolidación observados en el sector privado.

La afirmación que sustenta este cambio, según la que el CQI presta servicio a los productores mientras que la SCA se centra en los “países consumidores”, suscita inquietudes, ya que da a entender que el análisis sensorial es competencia exclusiva de los países consumidores tradicionales, excluyendo a los países productores. Ahora bien, mercados emergentes como China, Oriente Medio y el Sudeste Asiático cuestionan estas etiquetas obsoletas. Además, Etiopía, que consume la mitad de su propio café y cuenta con un 25 % de su población dedicada a este sector, sigue sin figurar entre ellos. El porqué plantea una pregunta incómoda que sigue sin abordarse plenamente en la industria.

Catación de café

SCA y CQI: de caminos divergentes a “evolucionados”

Fundado en 1996, el CQI se ha dedicado a mejorar la calidad del café y los medios de vida de los productores. El programa Q Grader, lanzado en 2003, se convirtió en una certificación reconocida mundialmente, con alrededor de 10 000 profesionales formados en técnicas de evaluación sensorial.

La SCA, formada en 2017 mediante la fusión de la SCA americana y la SCA europea, se ha centrado en unificar los estándares mundiales del café y promover la sostenibilidad. Sus iniciativas han incluido programas educativos, investigación y el desarrollo de herramientas como el CVA.

Aunque las dos organizaciones han colaborado a lo largo de los años, sus diferentes objetivos han dado lugar a enfoques divergentes. La integración del programa Q Grader en el marco CVA representa tanto una convergencia de objetivos como un reajuste estratégico.

Esta medida plantea interrogantes sobre el equilibrio entre la consolidación para la eficiencia y la preservación de perspectivas diversas en la industria. 

“Lo veo en gran medida como una evolución natural”, afirma Ana María. “La forma en que definimos la calidad está madurando. Ya no se trata solo de la puntuación en taza, sino del proceso, el contexto y el impacto. Creo que el CVA podría ayudar a reforzar nuestra comprensión de la calidad de una manera más holística y humana”.

“Al mismo tiempo, cambios como este pueden suscitar preocupaciones sobre el acceso y la centralización. Aunque existe inclusión de los productores, y personalmente he tenido la oportunidad de participar en diálogos y experiencias piloto, reconozco que sigue siendo limitada. La inclusión ha comenzado, pero no ha llegado a todos los rincones del origen. Es un momento crítico para garantizar que la evolución de nuestros sistemas no solo eleva los estándares, sino que crea herramientas compartidas para el crecimiento en toda la cadena de valor”.

Se necesita más inclusión

A pesar de los esfuerzos por promover la inclusión, la industria sigue estando sesgada hacia los llamados países consumidores o del norte global. Esto muestra las persistentes asimetrías globales en el acceso al conocimiento y el aprendizaje, no solo en relación al precio, sino con el contexto y la comunicación.

“Creo que esta decisión representa un cambio en la forma en que evaluamos la calidad y una consolidación de la influencia en el sector de la especialidad”, afirma Philipp. “Si bien el CVA se basa en el legado de estandarización de la SCA, dejar de lado el sistema Q suscita preocupaciones, no sobre el CVA en sí, sino sobre el mensajero”.

“La SCA, de forma intencionada o no, parece centralizar el control en torno a sus propios marcos. El CQI lleva tiempo representando la inclusividad y el compromiso con el origen. Sustituir su sistema sin una justificación transparente conlleva el riesgo de alienar a profesionales y productores clave”.

Tanto el programa Q grader como el CVA tienen su origen en gran medida en los denominados países consumidores y conllevan costos significativos. Estos pueden estar justificados, pero sin subvenciones o programas de financiación que los acompañen, pueden limitar el acceso de los productores de los denominados países en desarrollo.

La cuestión de la accesibilidad financiera en la educación sobre el café va ahora mucho más allá de las comunidades de productores de países con bajos ingresos. En el clima actual de inflación global e inestabilidad económica, las oportunidades están cada vez más ligadas a los privilegios. Esto da lugar a lo que algunos han descrito como una forma de “apartheid de clases“. 

Muchos aspirantes a Q graders simplemente carecen de los ingresos disponibles o los ahorros necesarios para acceder a estas certificaciones. Para ellos, la puerta al progreso permanece firmemente cerrada.

Q graders en cata

La consolidación puede suponer un riesgo para la innovación   

La adopción del CVA como base del programa Q Grader evolucionado supone un cambio hacia una evaluación más completa de la calidad del café. 

En World of Coffee Copenhagen del año pasado, Taza de Excelencia y Alliance for Coffee Excellence anunciaron una nueva asociación con la SCA. Históricamente, han operado de forma independiente, colaborando ocasionalmente en proyectos más pequeños, y Taza de Excelencia tenía su propio formulario de cata. Ahora, el CVA se está integrando en el certamen. 

La reciente asociación de la SCA con la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia subraya esta dirección. Ahora hay planes para implementar la metodología CVA en todos los procesos cafeteros colombianos. Esta colaboración tiene como objetivo mejorar la trazabilidad y proporcionar a los productores información sobre las preferencias del mercado. El éxito de estas iniciativas puede influir en otros importantes países productores de café, como Brasil, para que consideren integraciones similares.

“Para que el CVA alcance su verdadero potencial, debe seguir construyéndose con la participación activa de las comunidades productoras”, afirma Ana María. “No se trata solo de evaluar el café, sino de evaluar cómo incluimos a las personas que lo cultivan y procesan. Las reuniones regionales y las fases piloto que ya se han llevado a cabo forman parte de un importante trabajo que debe continuar y profundizarse para que la inclusión se convierta en la norma, no en la excepción”.

La aplicabilidad global del CVA sigue siendo objeto de debate. En mercados como el chino, donde se ha producido un aumento considerable de las certificaciones Q, la respuesta a la transición será indicativa de la repercusión internacional del CVA.   

“Es probable que la mayoría de actores del mercado chino adopten el CVA”, afirma Winnie. “Aunque el Gobierno ha creado su propio sistema de capacitación cafetera, la industria sigue valorando mucho las certificaciones SCA y CQI. Dicho esto, hay otros actores, como el Instituto de Café Sostenible, que también operan en China. En consecuencia, es posible que veamos surgir una combinación de procedimientos”.

¿Quién se beneficia?

“¿Se convertirá este Q evolucionado en otra fuente de ingresos más para la SCA? ¿Beneficiará realmente a los caficultores? ¿De dónde van a sacar el dinero para otra ronda de formación? Por último, pero no menos importante, ¿los ayudará realmente este nuevo programa a mejorar la calidad de su café? Estas son las preguntas que debemos plantearnos”.

La consolidación de los programas de certificación bajo la SCA puede dar lugar a la aparición de plataformas alternativas de formación y evaluación.  

Organizaciones como el Instituto de Café Sostenible podrían desempeñar un papel importante al ofrecer diversas vías educativas. Así, garantizarían que la industria, y por supuesto su mercado de capacitación, siga beneficiándose de una pluralidad de perspectivas. También, podrían surgir organizaciones o herramientas regionales, centradas en el intercambio de conocimientos Sur-Sur y el empoderamiento de los países productores.

“Para que el CVA sea verdaderamente inclusivo, especialmente para los productores y los mercados emergentes, debe diseñarse con esas comunidades, no imponerse de arriba abajo”, afirma Philipp. “En cuanto a su relevancia, muchos exportadores y compradores con los que hablo siguen confiando en la ‘antigua’ hoja de puntuación”.

“Si se pretende que el CVA evolucione, ¿por qué no crearlo juntamente con las partes interesadas del origen, ofrecer herramientas en varios idiomas y garantizar una accesibilidad real? Eso podría dar lugar a un diálogo inclusivo muy necesario. Espero que se convierta en una plataforma sobre la que construir. De lo contrario, se corre el riesgo de perder el contacto con las personas a las que se pretende servir”.

Muestras de café para análisis sensorial

Conclusiones finales

Un reciente estudio, Antitrust Laws, Market Competition and Corporate Green Innovation, sostiene que los monopolios suelen reprimir la innovación, mientras que los mercados competitivos incentivan a las empresas a diferenciarse e impulsar el progreso sectorial. Un ejemplo destacado es el histórico juicio antimonopolio en curso contra el gigante de las redes sociales Meta. La Comisión Federal de Comercio alega que Meta eliminó ilegalmente a sus rivales al comprar Instagram y WhatsApp hace más de una década. 

Esto pone de relieve la creciente preocupación mundial por el hecho de que una mayor consolidación del mercado podría obstaculizar la competencia sana y romper la confianza de los consumidores. Aunque la consolidación de la educación cafetera mundial a través de la CVA podría dar lugar a nuevas iniciativas que contribuyan a reequilibrar las dinámicas de poder en toda la industria y, al mismo tiempo, impulsar el progreso. 

A medida que el sector cafetero experimenta esta evolución, las partes interesadas deberán considerar la mejor manera de equilibrar la estandarización con la inclusividad, garantizando que los avances en los métodos de evaluación satisfagan las diversas necesidades de la comunidad cafetera mundial.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence

PDG Español

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