26 de julio de 2025

Precios altos del café: ¿a dónde va realmente el dinero?

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La industria mundial del café atraviesa un largo periodo de precios de mercado elevados. En los últimos dos años, los costos del café verde casi se han duplicado. Alcanzaron un máximo histórico de US $4,41 la libra en febrero de 2025.

Para muchos, se trata de un cambio bienvenido y largamente esperado. Históricamente, el café ha estado, y en muchos casos sigue estando, infravalorado. Muchos productores, sobre todo los pequeños, reciben precios bajos que no cubren los costos de producción y les impiden obtener ingresos sostenibles.

A medida que el precio C ha subido, surge el discurso de que precios de mercado más altos se traducen en más dinero en los bolsillos de los productores, pero la realidad es compleja.

Para saber más, hablé con Vanusia Nogueira, de la Organización Internacional del Café; Paul Stewart, de TechnoServe, y Steven Thomas, de Traffic USA.

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Recolección de café

Una nueva era para la industria del café

El año pasado fue histórico para la industria cafetera. Tras los informes sobre la disminución de la oferta en Brasil y Vietnam, los dos mayores productores mundiales, y la incertidumbre sobre la normativa de la UE contra la deforestación, los precios del Arábica alcanzaron su nivel más alto desde los años 70, con un aumento del 70 %.

El último récord en los futuros del Arábica fue de US $3,39 por libra, tras las graves heladas de 1977 en Brasil. Este récord, ajustado a la inflación de 2025, se sitúa en torno a los US $17,00 por libra. Aunque el precio C está actualmente lejos de esta cifra, subraya la importancia de su marcada trayectoria ascendente en los dos últimos años.

Todos los indicios apuntan a una nueva era para el café: una en la que los precios altos y volátiles son una realidad duradera. Tostadores e importadores operan ahora con márgenes más estrechos que nunca, que los obligan a subir los precios al por menor. Esto, inevitablemente modifica el comportamiento de los consumidores. Muchos prevén un aumento del consumo doméstico a medida que la gente opte por formas más rentables de tomar café.

Al otro lado de la cadena de suministro, los precios altos sostenidos parecen lucrativos, pero la realidad es otra. Muchos productores y exportadores actúan con cautela. La actual inestabilidad del mercado significa que, si se comprometen a realizar ventas futuras a precios fijos, se exponen a riesgos financieros o de abastecimiento.

Por qué los precios del café se mantendrán altos en 2025

Según un reciente informe de la FAO, es poco probable que los precios del café bajen significativamente este año.

El café es un cultivo sensible que requiere temperaturas, precipitaciones y condiciones del suelo específicas para producir buenos rendimientos y calidad. Junto al aumento de la demanda mundial, el empeoramiento de la crisis climática ha hecho que la producción y las reservas disminuyan rápidamente.

Brasil registró en 2024 el año más caluroso de su historia, con graves sequías e incendios forestales que redujeron drásticamente las cosechas. La Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB) del país ajustó a la baja su estimación de cosecha para 2024/25 en un 6,8 % y un intenso frente frío en agosto dañó aún más las zonas productoras de Arábica. Estas restricciones en la oferta han favorecido un mercado alcista.

Más allá de los problemas de producción, los embotellamientos logísticos y las perturbaciones geopolíticas han exacerbado las presiones sobre los costos. La inestabilidad de la cadena de suministro, las subidas de los precios de los fletes y los problemas de distribución, que persisten tras la pandemia, han encarecido el transporte del café hasta el mercado. 

Sumado a esto, las mayores tensiones comerciales mundiales, particularmente la escalada arancelaria de la administración de Trump, han añadido imprevisibilidad, afectando tanto a exportadores como a importadores.

Otros agravantes

El aumento de los costos no se limita a la logística. Los que se dedican al procesamiento y la exportación de café también se enfrentan a subidas de precios en insumos de producción esenciales. Por ejemplo: fertilizantes, pesticidas y materiales de empacado. El efecto dominó de esos gastos influye en última instancia en los precios al por menor. Esto dificulta a los pequeños productores competir con las operaciones a gran escala que se benefician de las economías de escala.

“La transferencia de los precios altos del café a los productores varía según la región y la variedad de los granos. Según los datos, por ejemplo, podemos observar una tendencia de traspaso de precios a los productores en Brasil e India”, afirma Vanusia Nogueira, directora ejecutiva de la Organización Internacional del Café. “Los retos pendientes son el aumento de los costos de producción (como fertilizantes, mano de obra, transporte), los intermediarios, el clima y los riesgos de productividad, que pueden limitar el beneficio de unos precios más altos”.

Secado de café

La ilusión de unos precios altos beneficia a los caficultores

Aunque la subida de los futuros del café sugiere mayores beneficios para los productores, los precios en finca, es decir, la cantidad real que los productores reciben por su café, suelen narrar una historia diferente. La cadena tradicional de suministro es compleja y en ella intervienen múltiples intermediarios que acaparan una parte significativa del valor. Muchos productores siguen pasando apuros económicos a pesar de los precios récord.

“Los aranceles elevados, la concentración del mercado y las largas cadenas de suministro pueden limitar la participación de los productores en los precios pagados, mientras que la transparencia de los precios, el comercio directo y las sólidas organizaciones de agricultores contribuyen a garantizar una distribución más justa”, afirma Vanusia. “Las fluctuaciones de los tipos de cambio y la especulación también influyen en los precios en finca”.

Un problema crítico que afecta a los precios en finca es la falta de transparencia en los mecanismos de fijación. Los aumentos de precios rara vez se reflejan en el salario de los productores. Sobre todo, en las regiones donde las cooperativas o los compradores locales dictan los costos. 

Además, la distribución de los precios puede variar significativamente entre distintos mercados. 

Las variaciones de un país a otro

“Los agricultores de Guatemala, Honduras y El Salvador, por ejemplo, han visto subir durante el último año los precios en finca más o menos en consonancia con los futuros del ICE, entre 70 y 85 %”, afirma Paul Stewart, director general de café de TechnoServe, una organización sin ánimo de lucro que desarrolla soluciones empresariales para ayudar a aliviar la pobreza.

“En Etiopía, los precios en finca han disminuido respecto al año anterior, a pesar de que los precios mundiales han batido récords”, añade. “Los costos de producción también se han elevado significativamente, sobre todo en Centroamérica, donde los costos de recolección y procesamiento han aumentado hasta 40 %”.

La prefinanciación también plantea problemas a los productores. Igual que muchos importadores y tostadores, los exportadores son cada vez más incapaces de acceder a los fondos necesarios para comprar grandes volúmenes de café a precios más altos.

“En países como Nicaragua, los productores solo han presenciado un incremento del 39 % en los precios en finca en el último año, debido a la falta de liquidez en el mercado. Los compradores allá simplemente carecen del capital para ofrecer precios competitivos”, continúa Paul. “En cambio, en Honduras, la unión de los pequeños agricultores facilitó la firma de acuerdos de venta directa con exportadores, lo que se tradujo en mejores precios y acceso a una financiación más equitativa”.

Por qué el comercio directo no es una solución sencilla

El comercio directo, piedra angular del café de especialidad desde su creación, se presenta a menudo como la solución para pagar a los productores precios más altos por el café. 

A diferencia de los modelos de abastecimiento convencionales, en los que intervienen numerosos intermediarios, el comercio directo, en teoría, facilita una mayor transparencia financiera entre tostadores y productores. Así, garantizan que una mayor parte de los ingresos llegue a los caficultores.

En la práctica, sin embargo, el comercio directo puede convertirse rápidamente en una premisa vaga carente de una definición universalmente aceptada y reducida a una palabra de marketing con poca intencionalidad.

Cuando se hace bien, el comercio directo debería ser un enfoque empresarial estratégico para que los tostadores se comprometan más estrechamente con sus proveedores, ayudando a gestionar el flujo de caja y garantizando que los productores reciban una prima por un café de calidad. 

Dicho esto, el comercio directo sigue presentando obstáculos logísticos que no se traducen necesariamente en un mayor reparto del dinero a lo largo de la cadena de suministro.

“Lo que sorprende a la gente que se esfuerza por comerciar directamente es que no siempre es más barato. Casi siempre es más difícil que comprar café de origen único con un lavado de imagen verde al que alguien que no es el productor ha dado el visto bueno”, afirma Steven Thomas, propietario de Traffic USA y Lucatelli Coffee, dos empresas que supervisan la logística y el suministro para tostadores estadounidenses, con una capacidad de producción mensual que oscila entre 120 y 120 000 kg.

El comercio directo a menudo implica más esfuerzo y un precio más elevado que los modelos tradicionales, lo que puede disuadir a los compradores potenciales.

Trabajadores de finca de café

Cómo la volatilidad del mercado socava las ganancias de los productores

Otra realidad ignorada es la volatilidad del mercado que acompaña las subidas de precios. Aunque hay indicios de que los ingresos de los productores han mejorado en los últimos dos o tres años, la inestabilidad del mercado ha dificultado que los agricultores se beneficien plenamente. 

“Los ingresos de los productores han mejorado en los últimos 24 a 36 meses. Aunque eso apenas compensa las décadas anteriores en las que estaban muy mal pagados”, afirma Steven. “Lo que mitiga los beneficios del incremento de los precios es el aumento simultáneo de la inestabilidad del mercado. Los productores buscan estabilidad, ya que es lo que menos tienen y más necesitan”.

“La volatilidad del mercado, agravada por la inestabilidad climática y geopolítica, hace que el aumento de los precios sea menos beneficioso para los productores”.

La volatilidad también afecta la inversión a largo plazo en prácticas agrícolas sostenibles. Muchos pequeños agricultores luchan por planificar el futuro debido a las fluctuaciones de los precios. Esto dificulta invertir en mejoras de calidad, salud del suelo e iniciativas de resiliencia climática.

A pesar de los precios récord, los beneficios financieros siguen concentrándose principalmente en tostadores y minoristas. Comerciantes, exportadores y cafeterías siguen acaparando la mayor parte de los beneficios, a pesar de que sus márgenes han disminuido en los últimos años.

Paul subraya que la mejora de la transparencia y la eficiencia en las cadenas de suministro podría aumentar la parte del precio que reciben los agricultores. 

“En áreas cafeteras bien desarrolladas, como Brasil o Vietnam, los agricultores reciben entre el 90 y 95 % del precio de exportación. En cualquier otro lugar, esa cifra puede ser tan baja como el 60 %”, afirma. “Hacer que las cadenas de suministro sean más transparentes y eficientes es clave para garantizar una distribución más justa”.

El alza del precio no es la solución

Los elevados precios C no pueden resolver por sí solos los problemas sistémicos de la producción de café. Abordar estos retos requiere un enfoque múltiple, que incluya modelos comerciales más equitativos, mejores infraestructuras y mecanismos de estabilidad financiera para los agricultores. 

Paul subraya la importancia de las intervenciones políticas y cita las exenciones del IVA a los insumos agrícolas en Honduras y el programa de préstamos en condiciones favorables de Perú como ejemplos de iniciativas que ayudan a los pequeños agricultores a invertir en productividad agrícola.

“Unos planes cafeteros nacionales claros que incluyan, por ejemplo, proyectos sobre ingresos dignos y prosperidad, además de compromisos firmes del gobierno y del sector privado, ayudan a las partes interesadas a trabajar juntas hacia un objetivo similar, así como a conseguir los fondos necesarios para poner en marcha las iniciativas adecuadas que ayuden a las comunidades agrícolas en su camino hacia la prosperidad”, afirma Vanusia. “Las políticas concretas variarán de un país a otro, pero si se elaboran planes cafeteros nacionales que cuenten con el apoyo de los sectores público y privado, aumentarán las posibilidades de éxito”. 

“Apoyar estas iniciativas a nivel internacional ayudará a los países a diseñar e implementar programas que funcionen para ellos, de acuerdo a sus respectivas realidades”, añade. “Nuestro grupo de trabajo es un espacio eficaz de diálogo para los sectores público y privado a nivel mundial. Al mismo tiempo, lleva ese diálogo a la acción a nivel local en los países productores”.

Acopio de café verde

Conclusiones finales

La idea de que unos precios más altos implican mayores beneficios para los productores no es universalmente cierta. En realidad, es más compleja de lo que parece. 

Sin cambios estructurales, incluso los precios récord dejarán a la mayoría de agricultores, especialmente a los de menor tamaño, con dificultades para garantizar su sustento.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

PDG Español 

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