27 de septiembre de 2025

¿Abusamos del término pequeño caficultor?

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  • La Cooperativa Cooxupe de Brasil define a un pequeño caficultor como el que produce de 500 a 2000 sacos de café al año
  • Para los pequeños caficultores de las demás regiones productoras, estos son volúmenes inalcanzables
  • El término pequeño caficultor se ha vuelto comercializable y la ambigüedad que lo rodea lo deja expuesto a la explotación

En el sector del café de especialidad, el término pequeño caficultor se utiliza con frecuencia, a menudo asociado a un sentido de valor. Ahora bien, ¿qué significa realmente?

Una definición ampliamente aceptada es cualquier persona que cultiva una superficie inferior a cinco hectáreas. Esto representa el 95 % de los 12,5 millones de fincas cafeteras del mundo, que contribuyen con el 67 % de la producción mundial.

A pesar de eso, las definiciones basadas en el tamaño de las fincas difieren de una región a otra y es importante señalar las enormes discrepancias que existen entre lo que se considera un pequeño caficultor en diferentes países productores.

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Cultivo de café en Brasil

El contexto determina todo

Por ejemplo, las fincas cafeteras de más de 20 hectáreas se consideran grandes en todos los países excepto en Brasil, donde las fincas cafeteras pequeñas, medianas y grandes son más extensas que la media mundial.

Por el contrario, el cultivo de café en África es generalmente más pequeño y fragmentado. En consecuencia, lo que se considera una finca pequeña en Brasil podría incluso superar el tamaño de una finca grande en la mayoría de países africanos.

Otros definen a un pequeño caficultor de forma ligeramente diferente. Ritesh Doshi, propietario y director ejecutivo de Spring Valley Coffee, los concibe como caficultores que forman parte de una cooperativa o un grupo de productores porque carecen de los recursos necesarios para dar los siguientes pasos en la cadena de valor por sí solos. “Las fincas medianas o grandes hacen todo el proceso de principio a fin por sí mismas”, afirma. “A veces también para sus vecinos”.

“Para mí, la propiedad y la gestión familiar de la finca y la imposibilidad de contratar mano de obra o procesar el café por sí mismos son indicadores claros de que se trata de un pequeño caficultor”, afirma Gilbert Gatali, director ejecutivo y consejero delegado de la Africa Fine Coffees Association.

Apoyo vs. aislamiento

Una vez más, Brasil opera a un nivel que difiere de otros países productores, donde los pequeños caficultores suelen beneficiarse de un buen acceso a cooperativas y ayudas estatales que les proporcionan un apoyo crucial en lo que respecta a los costos de los insumos agrícolas y la entrada en el mercado.

“En algunos países latinoamericanos, un pequeño caficultor suele tener acceso a una pequeña despulpadora manual, un molino seco o a su propio pergamino”, afirma Gilbert. “Esto les ayuda a ascender en la cadena de valor gracias a esta propiedad adicional”.

Por otro lado, los pequeños caficultores africanos pueden estar relativamente aislados. Si cuentan con una red de cooperativas, suelen ser más pequeñas, menos organizadas y menos influyentes en comparación con las de Brasil. A menudo carecen de capacidad de procesamiento poscosecha, lo que dificulta su capacidad para avanzar en la cadena de valor. 

Además, los pequeños caficultores africanos suelen tener dificultades para acceder al capital circulante a través de bancos o medios más formales. En muchos casos, recurren a otro actor de la cadena de valor, donde el acceso a la financiación puede conllevar tipos de interés elevados. 

“En Brasil, probablemente acceden al capital circulante con bastante facilidad, su procesamiento es mayor y operan más como una empresa”, afirma Gilbert. Esta estructura reduce su nivel de riesgo y los hace más resistentes a las recesiones económicas. Por el contrario, sus homólogos africanos siguen en un estado de supervivencia de cosecha en cosecha.

La situación es muy diferente de un país a otro

Realmente es una cuestión de supervivencia. Muchos de los 5,5 millones de pequeños caficultores viven por debajo del umbral internacional de pobreza de US $3,20 al día y la pobreza más grave se da en África y Oceanía. Por eso, los pequeños caficultores de estas regiones tienden a cultivar una gran variedad de productos, impulsados por la necesidad de dar prioridad a la agricultura de subsistencia para garantizar la seguridad alimentaria.

Esto significa, en esencia, que no pueden sacar el máximo partido a sus tierras, una limitación con la que los caficultores de los países productores más ricos y menos aislados no tienen que lidiar.

Ritesh vive en Kenia. Para él, el acceso a las infraestructuras es lo que marca la diferencia. “Puede que haya pequeños caficultores en Brasil, pero las carreteras están en buen estado”, afirma. “En Kenia, las carreteras son malas: el café se transporta en burros o a la espalda de los caficultores. Es difícil trasladarlo de un lugar a otro”.

En última instancia, la experiencia de ser un pequeño caficultor depende totalmente del contexto geográfico y socioeconómico. A pesar de eso, el término pequeño caficultor sigue utilizándose de forma indiscriminada en todo el sector.

Productoras de café en África

La comercialización del pequeño caficultor

En el sector cafetero, la etiqueta pequeño caficultor se considera una ventaja competitiva. ¿Es justo comercializar una finca de cinco hectáreas en Brasil con acceso a financiación, recursos e infraestructuras adecuadas de la misma manera que una finca de una hectárea en Kenia que no los tiene?

Los pequeños caficultores más grandes pueden beneficiarse de una etiqueta que les da poder en el mercado sin tener que enfrentarse a los retos.

Para los tostadores, el término ha adquirido un atractivo comercial. “A falta de una palabra mejor, no resulta seductor afirmar que procede de una finca como decir que proviene de pequeños caficultores”, manifiesta Gilbert. “Así, les despojan casi de su dignidad, sobre todo cuando desempeñan un papel tan crucial en la industria cafetera mundial”.

La ambigüedad que rodea al término lo hace susceptible de manipulación y abuso, lo que repercute directamente en los caficultores que son verdaderamente vulnerables. 

“Se está jugando con la idea del pequeño caficultor para justificar la prima, porque es algo especial y único”, afirma Gilbert. “Es necesario cuestionar lo que entendemos por pequeño caficultor”.

“¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuántos hay? ¿Qué tamaño tienen sus fincas? Plantear estas preguntas es la única forma de empezar a dar valor al término y recompensarlo en consecuencia”, afirma.

En muchos casos, el término lo introduce una entidad de la cadena de suministro distinta del caficultor o el tostador, como un importador, un exportador o algún tipo de red de productores. Por ejemplo, la cooperativa Cooxupe de Brasil representa a más de 13 000 productores. La mayor parte del café que recibieron en 2021 procedía de fincas familiares (40 %) y pequeños caficultores (34 %), pero ellos definen a los pequeños caficultores como fincas que producen entre 500 y 2000 sacos, cantidades astronómicas en comparación con otras áreas del mundo.

Pequeño caficultor

Conclusiones finales

Independientemente de quién haya acuñado el término, aplicar un enfoque único puede agravar las desigualdades existentes entre los caficultores vulnerables y otros con mayor acceso a oportunidades y apoyo, ambos categorizados como pequeños caficultores.

Tener más en cuenta el contexto de los caficultores, fomentar la curiosidad en toda la cadena de suministro y responsabilizar a los compradores del uso y la comercialización de la etiqueta pequeño caficultor podría ayudar a equilibrar el terreno de juego.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence

PDG Español

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